21 de mayo de 2007

Mamber, mamá, ma mére...

"El amor no es una invención; hay una persona que existe objetivamente y que yo necesito". Octavio Paz

Madelaine Peyroux: "La Javanese"

Días atrás, uno de mis duendes me preguntó si los humanos elegimos dónde y cuándo nacer, entre que brazos crecer y hacernos adultos.

Profunda reflexión que, acompañada de una sonrisa, me llevó a hacer el re-cuento del tiempo más allá del tiempo y, como un aguacero lento y manso, recordé cómo mi madre ya me había soñado antes de nacer...

...y cómo me estaba esperando cuando llegué.

Al sentir su calor, tibio aroma de almizcle y pachuli, me abracé a su presencia para siempre...

...y cómo la estaba esperando cuando llegué.

Y supe que era de ella de quien deseaba aprender a sentir la vida, a emborracharme de sueños, a palpitar libertad, a enfrentarme a la injusticia, a gritar rebeldía, a acariciar la belleza, a sonreir a quien amo y olvidar a quien me olvida, a enfrentarme a los miedos, a escuchar y a escucharme, a entregar cómplice incondicionalidad a los amigos, a mostrar fortaleza ante el enemigo, a ser honesta, a repudiar la mentira, a amar, bailar, reir y gozar desde el mismo centro del corazón de cada instante... y a ser quien soy ahora.

No cabe duda.

Elegí ser su hija; eligió ser mi madre.

Y, siempre, volveríamos a hacerlo...

PD: A mi madre. Imprescindible y única.

7 comentarios:

Gaby dijo...

Es una cuestión muy profunda y necesitada de tiempo para discutir, para la cual es básico café, tabaco de liar y algo de sol, pero es una cuastión tan bella que intentaré dar una idea cercana y breve de lo que me provoca este post.

Es una situación especial, puesto que creo que la maternidad es el hecho más increíble que existe en el mundo...nada se puede comparar al instinto maternal, que es el ÚNICO sentimiento completamente puro que existe en la naturaleza...y que sólo las mujeres pueden dar.(Los hombres carecen de esa capacidad de sacrificio y entrega que, aunque se puede desarrollar, nunca podrá estar siquiera cerca de la pàsión y la fuerza que siente una madre al mirar a su hijo).
Yo creo que son ellas las que nos eligen a nosotros.Nos desean tanto, que nos crean de la nada, y somos nosotros los que tenemos la inmensa suerte de ser elegidos, y creados, para después de vivir y sólamente entender su calor y su pecho...descubrir el mundo de su mano.

La mía me deseaba tanto...que me cuenta que una noche,me soñó, y no podía verme la cara, pero sintió lo mismo que cuando me tuvo en brazos la primera vez...

"Ya sabía hasta el olorcito que ibas a desprender...a soñador perezoso, redondito".

Me eligió...y desde entonces,me creo el más afortunado del mundo.
No nos engañemos, todo lo hacen ellas..traernos aquí,regalarnos su presencia..elegir cuidarnos hasta el final..acompañar nuestros pasos...

Pero si hubiera podido elegir..lo habría dejado todo igual...porque soy el tipo más afortunado del mundo..a mi me toco la lotería desde el primer día. ;)

Gracias por hacerme pensar en ella, Amandine, ahora la sonrisa me durará toda la tarde.

Besos, para tí...y para tu mamá, que tiene mucha, mucha suerte.

Gaby.

P.D:Qué lindo es mandar besos a las mamás, ¿verdad? :)

Juan Cosaco dijo...

Yo no me canso de recordarle a mi madre la gran cantidad de cosas que me ha enseñado; todo es poco! en algunos momentos de mi vida, cuando he estado bajo, sólo el pensar en ella, en todo lo que ha luchado y cómo lo sigue haciendo a pesar de todo... uf!
Mira, con los amigos o la pareja se puede tener consciencia del sentimiento de reciprocidad, se puede actuar según eso. Con la madre es imposible, nunca podemos darle todo lo que nos ha dado, y sin embargo, creo, que algo le dimos, sin quererlo quizás.
Salud!

Adolfo dijo...

Si, la frase madre no hay más que una, parece que es simple, una perogrullada.
Pero es mas verdad que el aire y la tierra.
Uno aprecia a los amigos, y a unos pocos los puede llegar a querer. Uno puede recordar cuando se enamoró de su mujer. Pero a mi madre, no tengo conciencia de cuando la empecé a querer. La he querido siempre. Incondicionalmente. Cuando la veo no soy capaz de darle solo un beso, le tengo que dar 5 o 6 en cada mejilla, y acabarlo con un achuchón. Siempre. Bueno, y las miradas, la conexión.
Claro es que me conoce mejor que la madre que me parió. Ja, Ja.
Yo ahora tengo instinto paternal, es una confesión.

Anónimo. dijo...

En un lugar repleto de sueños, y duendes y tanta carga lírica, generada por hijos bendecidos con el privilegio de una madre amada, no acierto a sentirme demasiado bien encajado, pero tratándose de la fecha actual, y bajo la previsión acertada de un panegírico maternal de semejante carga de admiración y cariño, no he podido evitar hacer de nuevo alto en este onírico lugar, para recordar que en determinados momentos, fui capaz de soñar con la posibilidad de una realidad personal diferente en la que haberme podido sentir orgulloso de elegir una madre como esta, con una sonrisa semejante, al menos, y a la que escribir algo de cierta belleza el día de su cumpleaños digno de recordar.

Para ello, a lo mejor, no serviría solamente con soñar una madre ajena, y quizás uno debería soñarse un hijo diferente para completar una escena tan acertada, pero delirios aparte, al contemplar la imagen que encabeza la entrada actual, he tenido que reir sin remedio al recordar que una vez me sentí agraciado de no ser hijo suyo, cuando por error semántico, me referí a la propietaria de dicha sonrisa como "liberal", cuando mi mente pensaba en "libertina", concediéndome a continuación el privilegio de salir indemne de su indignada presencia.

Y solo por eso ha merecido la pena la visita. No todos los días uno es capaz de rescatar algo de su pasado para contemplarlo con alegría.

Anécdotas aparte, supongo que al confrontarse la añoranza de sensaciones provocadas por ciertas experiencias inolvidables con la realidad cotidiana, uno no tiene más remedio que sentir una envidia considerable frente a la contemplación de determinados sentimientos, que al parecer, con el paso de los años, se tornan cada vez más dignos de admirar y compartir, aunque sea así, desde el otro lado de la pantalla.

Y es que entre los personajes que pululan a mi alrededor, el tiempo causa estragos, devorando su juventud y dejando un rastro difuso de rutina y desesperanza, donde los cumpleaños se han convertido en el entreacto de una tragicomedia de folletín; pero en este tu caso, me alegra comprobar sobre todo que has logrado escapar de la voracidad de Saturno y a salvo de su influjo, alzarte en una encarnación renovada y plena de impresiones...(¡uf! y todo este rollo cursi para decirte que como el vino, mejoras con la edad...)

El imsomnio me causa estragos, como puedes ver, quizás de ahí el anonimato, puesto que en este momento, que ya es mañana, debería dormir, y tal vez soñar... pero en los sueños: ¿a quién le importan los nombres?.

A lo mejor es una decisión egoista, pero más egosita sería disfrutar de todo esto y no expresarlo, aunque sea entre líneas, y de forma no muy breve.

Tesa dijo...

Emocionante dedicación a tu madre. Nos provocas a la añoranza y a que nuestros comentarios sean hoy muy largos.

¡Qué suerte has tenido!
Mi experiencia de hija es mucho más triste, así que prefiero mi experiencia de madre. El amor que siento por mis hijos es el más incondicional que se pueda sentir. Desee tenerlos. Y era tanto mi deseo que me nacieron dos de golpe, niño y niña. Entonces no se hacían tantas ecografías así que me fui a parir sólo sabiendo con certeza que venían dos. Pero yo estaba convencida que eran niño y niña y que tendrían los ojos claros, apesar de que los mios son marrones.
Me escuchaban como si estuviera loca y yo me fui al hospital con sólo mi dos nombres, Adrià y Laura, y deseando que me miraran con sus ojitos claros.

Así fue, él los tiene verdes, como el trigo verde, y ella azules como el cielo. Yo sólo tenía 24 años, así que jugábamos a matar indios tirados por el suelo y cada noche antes de dormir, cantábamos, leíamos y hacíamos teatro. Ellos siempre recuerdan que reíamos mucho.

Ahora viven por su cuenta, como pueden, pero no pasa un solo día en que no piense en ellos. Le sonrío a las fotos que hay por la casa. Les llamo sólo para que me digan que todo sigue adelante y para tratar de adivinar por su voz si sufren más de lo que les toca para esta época en la que los jóvenes lo tienen difícil. Me gusta cuando le pregunto al chico “¿qué tal va, hijo?” Y él, con el humor en el que me reconozco, me contesta. “Comparado con quien, mamá”. O cuando Laura me dice que en cuanto pueda me va a llevar de compras en plan Pretty Woman para compensarme por todos los regalos que no ha podido hacerme porque no gana mucho.
Cuando eran pequeños y se quejaban por tonterías yo siempre le hacía ver la suerte que habían tenido de no nacer en África, por ejemplo, y he comprobado que a los dos les ha servido para apreciar las pequeñas cosas de la vida. Me siento orgullosa de mis hijos, igual que se debe sentir tu madre.
Besos.

sergisonic dijo...

para Ella, pues, y para ti. nada más, nada menos.

Tierra dijo...

Y entonces, un día, soñé a mi hijo y el tiempo me lo entregó en forma de abrazo.