21 de noviembre de 2010

desierto


Un suave aroma a limón
desnuda el paladar de la memoria,
cuatro notas inertes, suspendidas y átonas
susurran el poniente en las caderas del viento
y el silencio y la sed
perfilan los contornos del páramo del alma.
Desde la oblicuidad de la penumbra
acontecen las horas del desvelo.



Sueñan las piedras de orgánica materia.

3 comentarios:

Paz dijo...

Me encanta la voz de Lhasa.
Y las canciones que dejas, que siempre traen paz (precisamente a mí, quién lo iba a decir). Y me encanta que vuelvas.

JuanMa dijo...

Por muy desierto que sea, siempre está vivo.
Besos y un abrazo.

Anónimo dijo...

Ese es bueno