24 de febrero de 2007

Entre sueños anda el vuelo

Me descubro volando hacia territorios desconocidos.
Ya no es un sueño.


Recuerdo que cuando era pequeña, los veranos, solía ir con mi tía Henar a hacer volar una cometa preciosa que nos regalaron a todos los primos.
Iba subiendo poco a poco, mecida por el suave y seco viento de la meseta castellana; la expectación de todos se centraba en el curioso modo que tenía de despegar, como si buscara el camino más fácil, la senda invisible que el aire trazaba hacia las alturas y que, tan sólo la propia cometa, podía descubrir.
Conteníamos la respiración si de pronto, un inoportuno golpe de viento, la hacía girar bruscamente y revolvía su colorida cola; tres segundos de incertidumbre y mi tía se hacía con los mandos, ayudando a dirigir las complicadas maniobras al primo más mayor (el despegue era cuestión de jerarquía) y con una insospechada habilidad nos dejaba boquiabiertos y lograba que los hilos no se cruzaran y que la cometa retomara su vuelo sin problemas.
Siempre me pareció mágico.
Me dedicaba a observar cada movimiento; disfrutaba mirando cómo los colores de la cola se entremezclaban, cómo las corrientes de aire hacían que de pronto el artefacto volador se fusionara con las aves de paso y se transformara de momento en un cuerpo con vida propia, casi animal.
Me dejaba llevar por una especie de ensoñación en la que yo misma me veía volando.
Me cogía fuerte a uno de los extremos del hilo y aprovechando alguna ligera pendiente me dejaba arrastrar por la fuerza de la cometa e iba ascendiendo poco a poco.
Me producía más placer el hecho de soñar que volaba que el de hacer volar a nuestro juguete estival.
Hoy, volar ya no es un sueño y por fin, con mis propias alas, al despegar, podré abrir los ojos para sentir que mi vuelo hacia la libertad es una realidad en mi vida.

3 comentarios:

Tierra dijo...

Volar una cometa es siempre un ejercicio de libertad. Ser una cometa es ser la libertad, pero siempre hay que acordarse de cortar el cordel que alguien, aunque sea una mano amiga, maneja.

Juan Cosaco dijo...

"No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! y en esto soy irreductible no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme!"

(El Lado Oscuro del Corazón)

Imagino que ya la has visto, pero por si acaso, ahí te dejo mi recomendación.
Salud, para poder volar!

amandine dijo...

Querido Tierra:
Ya hemos aprendido a despegar; ya tenemos las alas precisas, la corriente de aire necesaria y el valor para enfrentarnos a ese vértigo maravilloso que produce el sentirse libre.
Sin hilos, ni cordeles ni manipulaciones.
Un beso y un sueño de caminantes valientes.

Juan:
Preciosa película que vi hace algunos años movida por el amor incondicional que le profeso a Benedetti desde que tengo uso de razón lírica.
Me encanta tu comentario; me hace sentir más alada si cabe, dueña de todos los sueños que me quedan por sobrevolar...mejor en compañía.
Un beso y un sueño de mujer voladora.